Desde sus
inicios, el tema de la descomunal emigración de Venezolanos en los últimos
años
ha sido materia de una inmensa lista de escritos sobre sus causas y
consecuencias.
Distinguidos analistas, de las más diversas especialidades y latitudes,
han presentado
su opinión, intentando explicar y justificar ese fenómeno, así
como dar pronósticos de
lo que podría ocurrir, con los eventos que hemos
estado viviendo en lo que va de 2.026.
Naturalmente,
la Idea del regreso ha estado en la mente de los emigrantes en mayor
o menor
medida. Unos la han tenido como una opción a corto, mediano o largo plazo
y
otros la han contemplado sólo con una lista de condiciones que difícilmente se podrían
concretar en un lapso razonable. El regreso ha sido un asunto que siempre
surge en
las conversaciones de casi cualquier reunión, con preguntas como “No extrañas
tu país?”.
Y una respuesta acertada siempre ha sido “Claro que sí;
extraño el país donde nací y
me formé; no el de ahora!”.
Con los hechos recientes, quienes
tenían el regreso como una meta ahora pueden verla
como una opción “más viable y
próxima”; quienes se negaban a esa salida pueden estar
“replanteándosela”; y
quienes, por válidas razones, rechazaban esa Idea tal vez sigan
en “su
misma posición”.
independencia, estabilidad y crecimiento
personal, el costo de lograrlo fue muy alto,
por estar fuera de la patria, “lejos
del hogar!”.
Por años, muchos tuvieron
suspendida la Idea del regreso. Era un anhelo poco viable,
por no tener expectativas reales. Perdió intensidad porque la situación no mejoraba.
Ahora
se ha intensificado y ese horizonte comenzó a modificarse; el regreso dejó de
ser una fantasía y piensan que es una opción concreta; incluso, un
plan de vida.
Muchos opinan que, aunque haya
buen trato y cordialidad, siempre hay la sensación
de ser extranjero y eso no
es cómodo. No logran sentirse “locales”, mientras que en
Venezuela nunca se sintió esa distancia. Expresan cosas como “es una necesidad
emocional, tanto personal
como colectiva, para apoyar la recuperación del país en
esta oportunidad
histórica del proceso que estamos atravesando”.
Añaden además que “aunque son muchas
las Vivencias y las bondades en países
más desarrollados, nunca será lo
mismo en cuanto a ambiente, calidez y calidad
de vida. Vivir en el
exterior no sustituye los vínculos familiares”. Hay esperanzas
de que pronto haya una mejoría notoria de la situación socio.política y
económica.
Algunos dieron ese paso previendo
acciones en su contra, por haber participado en situaciones opuestas al
gobierno. Ahora apuestan por el regreso, siempre que exista
una garantía
inequívoca de seguridad y libertad, para participar en la nueva etapa.
No al Regreso
Una parte muy significativa de
los emigrantes argumenta que, aunque el país donde
ahora viven no es la patria
donde nacieron, es la que eligieron, la que los acogió y
la que les ha brindado
la oportunidad de una vida digna, lo cual les ha generado
un nuevo
sentido de pertenencia. Frases como “me duele mi país y lo quiero, pero
mi
lugar ya no es allá” demuestran la decisión de no regresar, pese a que en
muchos
persiste el arraigo y el vínculo emocional.
Ahora es frecuente oír preguntas
como “en vista de ocurrido, estás haciendo planes
para regresar?”. Y también
respuestas como “me gusta vivir aquí y prefiero quedarme”.
Se podría decir que se ha
desarrollado un arraigo por los países de acogida y eso es
un factor de peso
que resta valor a pensar en un eventual regreso, con el acento del
recuerdo de
tantos males como la inseguridad, el desabastecimiento y demás.
Muchos de los emigrantes
tenían la Idea de algo temporal, como para trabajar duro
en el lugar elegido,
ahorrar y regresar. Al final, unos cuantos constituyeron hogares,
tuvieron
descendencia local y hasta tienen la ciudadanía respectiva. Ahora, cuando
mucho, apenas
conciben el plan de visitar a la familia que no emigró y aprovechar
de
vacacionar, siempre que haya certeza de mejoría en estabilidad y seguridad.
Son muchas y muy graves las cosas
que se deben solventar para pensar en regresar.
El “proceso de
transición” apenas se está iniciando y concretar resultados tangibles
va a
tomar un buen tiempo.
Aunque la nostalgia persiste y los vínculos están presentes, para muchos emigrantes
el regreso dejó de ser
una meta. Coinciden en que regresar no es cruzar una frontera,
sino
rehacer una vida que ya aprendieron a sostener y disfrutar “lejos de casa”.
Ante la
xenofobia que pueda haber, hay bastantes casos de integración y desarrollo
compartido. Aunque algunos emigrantes han ocupado ciertas posiciones laborales,
desplazando posibles empleados locales, algunos han iniciado emprendimientos
con posiciones cubiertas con gente local y con aportes en consumo,
inversión e impuestos.
Conclusión
Es retador catalogar forzadamente a los casi
9millones de emigrantes en 2 ó 3casillas:
los que “sí”, los que “no” y los que
“podría ser”. Cada quien tiene sus circunstancias particulares. Decir
alegremente que “volverá una cantidad de emigrantes en un rango
de 10 a
50%” es aventurado y hasta le podría parecer "gracioso" a quien entienda de
Estadística.
Es una ecuación compleja y difícil de resolver, pues algunas variables,
como la
emocionalidad, la racionalidad, el tiempo y la probabilidad de salir bien con
la decisión tomada, tienen un amplio rango de valores, según el caso de
cada quien.
SaludEs!