Cuando estábamos en primaria y secundaria, y también en la universidad, era frecuente escuchar a Maestros y Profesores sugiriéndonos y recordándonos que revisáramos los exámenes escritos antes de darlos por listos y entregarlos para su valoración. Nos advertían del riesgo que había de obtener una mala calificación por no haberlo hecho. La frase típica era: “Revisen el examen antes de entregarlo!”. La Idea era verificar que lo escrito reflejara la respuesta que queríamos dar a cada pregunta, evitando que, por algún error, que pareciera insignificante, se entendiera algo distinto a lo que intentábamos expresar. Como era usual, era casi un fastidio tener que revisar lo que habíamos hecho y muchas veces nos calificaron mal por detalles que podríamos haber notado en una rápida revisión. Personalmente, pienso que mi promedio de calificaciones habría sido significativamente mayor si hubiera acatado ese consejo oportunamente. Ya de adultos, tal vez hemos t...